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De que estamos Hechos

Updated: Feb 22

Por una Mamá Julio 24, 2018




Hoy les vengo a contar una historia.


La historia de nuestra propia vida. Cada persona tiene una razón por la que fue hecha, una razón de ser, una razón de vivir. Les vengo a decir de qué podríamos estar hechos muchos de nosotros. Pero no me refiero a como Dios nos creó, sino a lo que causó que seamos como somos.

Muchas veces pasamos por tantas situaciones que pudieron haber afectado nuestra vida, de tal manera, que muchas veces no nos damos cuenta de las marcas tan profundas que situaciones vividas nos hayan dejado. La verdad es que a veces ni nosotros mismos sabemos que nos sucedió, ni qué o quién hizo que seamos cómo somos, porque esa no fue idea de Dios.

Por causa de nuestras experiencias sobre la vida, muchos hemos quedado con daños provocados por el dolor, con heridas causadas por la desilusión, y el tanto dolor nos haya hecho duros de corazón que hasta nuestro rostro cambió y hayamos dejado de ser como Dios nos creó.

Si fuéramos un alimento o una casa literal ¿Cuál hubiera sido el ingrediente o el material que se usó, para hacernos cómo somos?

Nuestro carácter ha sido puesto a prueba, y ha sido expuesto a cambios extremos. Sin darnos cuenta caminamos muchas veces con dolor, con heridas profundas, con desamor, con resentimientos y angustias en nuestro interior. Talvez por hambre, pobreza, o alguna situación de tristeza, en el que el dolor puedo haber llegado tan profundo, que hasta haya afectado nuestra forma de ser, y nuestro comportamiento, y hayamos dejado de ser esas personas que nuestra familia estaba acostumbrada a ver.

Porque fuimos niños y de la vida no sabíamos nada, crecimos y llegamos a ser de la forma que somos.

Pero ¿Como llegamos hasta este momento? ¿O como llegamos hasta este punto?

¿Quién nos hizo?  ¿O que nos hizo ser cómo somos?

La dureza en el alma, más conocida como dureza de corazón, causada muchas veces por maltratos o por incomprensión, es uno de los males de más peso en el que las personas son terriblemente afectadas. La amargura es un mal silencioso que ataca tanto a hombres como a mujeres y aun a los niños; cambiando su comportamiento y hasta el aspecto del rostro. Lo podemos ver hasta en los animalitos, como después de tener una familia y son abandonados, se ponen ariscos, la forma de sus rostros cambia, y hasta se les puede ver la tristeza en sus rostros.

Por todas partes encontramos a personas con este tipo de problemas, y cuando tenemos un encuentro con ellas, es duro y muchas veces no lo podemos soportar. Nosotros vemos a las personas, notamos su forma de ser, su actitud y su carácter, y es muy fácil reclamar, lo difícil es ponerse a pensar ¿Qué la hizo ser como ella está? Por ahí vemos a las personas, pero no conocemos su mal.

El dolor, la enfermedad, la discriminación, la difamación; son algunas de las dolencias que afectan al ser humano y a su diario vivir. La niñez, la juventud, la vida de adulto, y aun la vejez, tienen gran peso en nosotros y el vivirlas, pudo haber dejado golpes tan fuertes que hasta pudieron haber resultado en amargura y gran dolor.

Personas con este tipo de dolor, llevan tanta carga sobre ellas, que cuando las tenemos cara a cara nosotros mismos no las podemos llevar. Día a día vivimos diferentes situaciones, y vamos llevando tantas cosas, que si nos dejamos cargar a la larga nos van a afectar.

A veces vemos personas afectadas de salud, con el rostro demacrado o deteriorado, con ojeras, y que se ven derrotados, como si estuvieran cansados. Así como estas características son de notorias, así son de notorias las personas con el rostro maltratado por el dolor que están arrastrando.

Para poder cambiar necesitamos reconocer y entender. Primero, reconocer que tenemos el problema y que en verdad necesitamos ayuda. Segundo, entender que algo nos ha estado afectando y que necesitamos identificarlo.Nos podemos dar cuenta de lo que afectó nuestra vida, si está en nosotros el poder recapacitar.

Necesitamos la intervención de Dios para que nos revele que pudo habernos hecho daño. Se lo demos pedir, Él es el único que en verdad nos conoce, el único que puede llegar a la raíz de lo que nos está afectando. Nuestra vida es un misterio que solo Dios conoce, y solo Dios nos la puede revelar. Por años caminamos sin darnos cuenta de los problemas que cargamos hasta que Dios interviene en nuestras vidas.

Situaciones como estas, pueden llevar a una persona a hacer cosas gravísimas de las que más adelante se arrepentirá. Se dice tan fácil, pero en el transcurso de nuestras vidas, muchas veces el dolor toma lugar en nosotros haciéndonos daño a nosotros mismos y también a otros. Talvez éramos personas amables, personas nobles, y confiables, y lo que hayamos vivido nos haya llevado a perder nuestra realidad, porque no somos como somos, sino que nos hicieron como somos.

El valor de las almas lo conoce Dios, por eso el Señor no toma conclusiones rápidas, ni hace acepción, porque el conoce muy bien el mal que pudieron haber padecido. Todo lo contrario de nosotros que si somos rápidos para favorecer o para rechazar. Lo bueno es que no somos Dios, somos personas con almas en proceso de restauración, que también necesitan atención.

Si sientes que te cambiaron, y que te transformaron, es tiempo de pedir ayuda y clamar, a quien te puede liberar de ti mismo, y te puede saciar de toda la abundante gracia que tiene para ti. Es tiempo de ser edificado y de ser hecho a la manera que debes ser.

Así que ¿De que estas hecho? Dios siempre tiene la solución, el cambio en tu vida debe ser inminente porque eres importante para Dios. Él tiene equipamiento para todos, tú a Él le perteneces, y lo que Él ha puesto en ti no se puede perder. Vale la pena seguir a Dios, nosotros somos de mucho valor para El. Dios no se equivoca, mientras hay vida siempre hay tiempo de restauración, porque hasta al lecho (cama) de muerte llega la salvación.

Lucas 23:42-43 “Y dijo a Jesús: Acuérdate de mí cuando vengas en tu reino. Entonces Jesús le dijo: De cierto te digo que hoy estarás conmigo en el paraíso”.


Eso se lo dijo Jesús a uno, para el que no había salvación. Este hombre había recibido una condenación por causa de los hechos que había cometido en esta tierra, en el trasfondo de este capítulo, podemos ver que esta persona en realidad tenía un corazón bueno, y sabia diferenciar entre lo bueno y lo malo. En esta ocasión, el sacó de lo bueno de su corazón que es el verdadero hombre que había en su interior, el reconoció sus errores causados por su mal vivir. Si estas al borde de la desesperación, y no sabes que rumbo tomar, recuerda que a tu lado esta Jesús. Acuérdate que este hombre estaba inmóvil, crucificado junto a Jesús, no podía moverse, ni bajar de esa cruz, él tuvo la opción de no recibir su liberación, y hacer lo que hizo el otro que también estuvo en la cruz, sin embargo, hizo lo correcto porque a su lado estaba Jesús.

Lamentablemente la amargura es destructible y a la vez muy dañina, es una lucha fastidiosa que se propaga como si fuera una enfermedad contagiosa, y como dice la palabra de Dios, afecta a todos cuanto estén a nuestro alrededor, se expande, contaminando a los que con nosotros comparte.

Hebreos 12:14-15 “Seguid la paz con todos, y la santidad, sin la cual nadie verá al Señor. Mirad bien, no sea que alguno deje de alcanzar la gracia de Dios; que brotando alguna raíz de amargura, os estorbe, y por ella muchos sean contaminados”

La amargura es tan terrible que afecta nuestra manera de pensar, nuestra manera de hablar, hasta nuestra manera de ver y escuchar. Una persona amargada no piensa en agradar a su prójimo, esa persona más bien esta hastiada de todo y de todos. Es una persona con la que en algunos casos se puede compartir, pero hay casos extremos en los que no se les puede ni contradecir.

La amargura se apodera de la persona y de cualquier momento que ella este viviendo, cuando la amargura se quiere mostrar, toma el control de la persona, a tal punto que lo que quiere mostrar es su mal, su veneno mortal, la amargura comienza a punzar hasta que la persona no aguanta más y se deja mostrar.

Efesios 4:31 Versión LBLA "Sea quitada de vosotros toda amargura, enojo, ira, gritos, maledicencia, así como toda malicia".

Efesios 4:31 Versión PDT "Quítense de ustedes toda amargura, ira y enojo, gritos, calumnias y malicia".

La amargura tiene cura. Solo nosotros la podemos curar.

¿Pero cómo lo podemos lograr? Es difícil de hacer, pero la podemos vencer, el impulso que la hace salir lo debemos controlar. Nosotros la debemos sujetar. Ella por sí sola no se puede sostener, nosotros le damos vida y hasta la ayudamos a fortalecer. Cuando ella quiere atacar no nos debemos dejar hostigar, mas bien la debemos exhortar. Ella va a querer atacar con mucha fuerza, por eso tenemos que clamar, solo Dios es nuestra fortaleza y debemos aferrarnos a su presencia.

Cuando venga a nuestra vida alguna situación de angustia, de enojo, o de ansiedad, debemos interceder por nosotros mismos y pedirle a Dios que nos ayude a tener dominio propio, tenemos que aprender a controlar sus impulsos y a la vez, buscar nuestra sanidad. Debemos buscar nuestro reposo interior porque ella se alimenta del dolor, de la falta de atención, de la falta de perdón y debemos quitarle su valor.

Cuando una persona se enoja o por alguna cosa se pone mal, vienen pensamientos totalmente negativos en el que la persona quiere agredir, aunque sea por palabras y hacer mal. Los pensamientos negativos vienen del mal, los debemos ignorar, eso es lo que hace que actuemos mal.

Por causa del dolor que venimos arrastrando, nos volvemos presa de ese mal que con sutileza nos quiere controlar. Tenemos que identificar como trabaja u opera para que la podamos evitar.

Gálatas 5:22,23 Versión RVR1960 Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza; contra tales cosas no hay ley”.


El fruto de nuestro espíritu se tiene que manifestar en nosotros, debemos lograr lo que Pablo nos manifiesta en la palabra de Dios; que debemos vivir por el espíritu y no por la carne.

En todo el capítulo de Gálatas 5, Pablo nos habla de la lucha con las obras de la carne y que debemos ser pacíficos como lo es nuestro espíritu. Por eso Dios nos manda a ser mansos y humildes de corazón, Mateo 11:29, y también por eso se nos dice que tenemos que menguar para que el crezca Juan 3:30.

Este capítulo de Gálatas 5, habla enteramente de nosotros de como debemos ser y de como no tenemos que ser. Mucho se habla del Espíritu de Dios, pero no debemos limitarlo con el fruto del Espíritu, porque si no tendríamos a un Dios chiquito. El Espíritu Santo es Dios, El es todo poder, es Majestuoso, es Glorioso, Él es amor y también fuego consumidor. Nosotros no debemos limitar a Dios. Tenemos a un Dios Grande y Poderoso.

Espero que esta palabra te sea de bendición, que puedas tomar el control de tu vida y que así como Dios haga contigo, tú también puedas hacer con todos los demás.

“El Señor te bendiga y te guarde; el Señor haga resplandecer su rostro sobre ti, y tenga de ti misericordia; el Señor alce sobre ti su rostro, y te dé paz”.

Números 6:24-26 LBLA



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