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Para Padres

Por una Mamá Julio 18, 2018



A ustedes padres les escribo por medio del Señor.

Aconsejen a sus hijos en casa, y enséñenles todo lo que ellos deben conocer. Si no los enseñamos, ellos andan como ovejas sin pastor, y cuando de nuestra parte no reciben dirección, ellos siguen a la voz que les presta atención. El tiempo no se detiene, y todos debemos envolvernos en lo que el mundo tiene para dar, no para que nos dejemos corromper, sino para conocer lo que a nuestros hijos les quiere ofrecer.

Los niños están capacitados para recibir enseñanza; aún mejor, en las manos de Dios, tenemos más tranquilidad nosotros sus guardianes. Instruye al niño en su camino, si el niño conoce sus valores desde pequeño, sobre lo que fue fundado va caminar. Proverbios 22:6

Dios nos confía los hijos para que les demos instrucción, y como padres esa es nuestra obligación.

Si nosotros no les prestamos atención a nuestros hijos, otros les van a decir lo que tienen que hacer. Es nuestro deber instruir a nuestros hijos, y prepararlos para el mundo que van a enfrentar, para que aprendan a tomar decisiones, sepan quienes son, y para que tengan identidad.

A veces nosotros dejamos que otros tomen ventaja de lo que es nuestro y eso es lo que tenemos que evitar. Si no sabemos lo que hay fuera del hogar, ¿Cómo los vamos a poder guiar?

Hay muchas cosas que para ellos son muy llamativas y no necesariamente malas, pero como padres, no debemos dejar que el mundo les diga lo que tienen que hacer. Al contrario, debemos enseñarles a distinguir lo bueno de lo que es malo, para que ellos conozcan que no todo nos conviene. 1 Corintios 10:23

La manipulación es una de las cosas que no debemos aceptar.

A veces nuestros hijos tienen deseos de tener amigos, de ser populares o conocidos, pero fuera del hogar hay otros jovencitos que están buscando a quienes mandar y a quienes gobernar, y muchos de nuestros hijos se hacen presa de ellos. Si nuestros hijos no se saben desenvolver, ellos van a seguir a los que les muestran que saben lo que hay que hacer, y cuando vienen a ver, no se desarrollan mentalmente, y se convierten en jóvenes u hombres que no pueden hacer las cosas por ellos mismos y que dependen de otros para que ellos puedan hacer las cosas bien.

Debemos ayudarlos, y aparte de eso, ellos deben sentir que son parte de nosotros, y no debemos alejarlos.

Muchas veces, por nuestra forma de ser o por la forma en que nos criaron, criamos a nuestros hijos, manteniéndolos alejados de la situación que estamos viviendo y todo les queremos ocultar, (es como vivir una vida en secreto). No es que les tenemos que decir todo, pero de alguna manera ellos deben estar involucrados, porque si no, ¿Cómo van a aprender? Ellos deben ser aptos para opinar, y nosotros preparados para enseñar y aconsejar, para que ellos aprendan a expresarse y a desenvolverse ante diferentes situaciones que les va a tocar enfrentar.

No permitamos el aislamiento por parte de ellos.

Los jóvenes muchas veces tienden a apartarse, y a no querer acercarse a otras personas, incluyendo a su familia. Ya sea por como dicen: Son así, por los juegos de video, por los celulares, o que quieren estar en su habitación. Pero sea cual sea la razón, la verdad es que no quieren compartir, asociarse o hablar con otras personas cara a cara.

Eso crea que se encierren en sí mismos, por lo cual, no permite que se desenvuelvan. Entonces, se apodera de ellos la timidez, y a la vez, los vemos con una falsa personalidad que ni ellos mismos conocen. Por consiguiente, les cuesta mostrarse como ellos en realidad son, por lo tanto, los debemos ayudar a tener identidad.

Mientras vamos caminando con ellos, los tenemos que corregir, enseñarlos y respaldarlos, porque ellos van a llegar a estar en nuestra posición de padres algún día, por la voluntad de Dios y debemos darles lo mejor, aunque nosotros mismos no hayamos recibido ese mismo trato.

Ser padre no es una elección, es una decisión.

Si te lo propones, con la ayuda de Dios vas a ser un vencedor. Los padres debemos dar a nuestros hijos lo mejor, pero eso comienza en casa. Hay herramientas que nos ayudan a desarrollar nuestra labor: La conversación familiar, la conversación entre padre o madre e hijos, el sentarse juntos a comer a la mesa, el compartir una película o una programación. Tenemos que estar involucrados en sus vidas y ellos en la nuestra. Hay tantas cosas que con ellos podemos hacer, ellos también tienen que ayudar en los quehaceres del hogar, todas las cosas edifican para bien, la pregunta es ¿Cómo queremos edificar?

Debemos aprender a escudriñar la palabra de Dios y atesorar lo que ella tiene para ofrecer.

La palabra de Dios es muy extensa, y es la mejor guía que podamos tener, para hacer las cosas bien. Dios no se equivoca, en su palabra esta todo lo que necesitamos aprender, lo que necesitamos para enseñar, y lo que nos va a guiar a tomar decisiones, que a lo largo de nuestras vidas nos van a acompañar.

Romanos 3:20 “porque por las obras de la ley ningún ser humano será justificado delante de Él; pues por medio de la ley viene el conocimiento del pecado”.


Antes, los padres hacían su trabajo con más facilidad. Hoy en día, por causa de tanta información, a nuestros hijos llega muy fácilmente la rebelión.

Lamentablemente, el mundo nos quiere quitar el trabajo de ser padres. El conocimiento acerca de cosas que antes estaban ocultas para nuestros hijos, ha hecho que muchos niños pierdan la inocencia a su temprana edad. Muchos de ellos, creen que saben todas las cosas acerca de la vida y lo que no es bueno para ellos, es lo que quieren seguir. Como lo dice la palabra de Dios, a causa del conocimiento de la ley, que nos muestra las cosas, viene el pecado.

Por eso, como padres debemos combatir esa manera errónea de pensar y debemos mostrarles por la palabra de Dios, cual es la realidad. Solo Dios conoce la mejor manera de poderlos guiar y solo Él nos la puede revelar. Si los hijos ya no obedecen, y ya están mal educados, todavía hay solución.

Tú tienes la vara de autoridad en tu mano, solo que tú no has sabido delegar. Talvez, la manera que has estado implementando, no ha tenido efecto en ellos y la tienes que analizar. Pide a Dios dirección y procura dejarte guiar por el Espíritu de Dios.







¿Cuál es la mejor manera de ayudarlos?


Ante todo, debemos interceder, Jesús dice que nosotros fuera de Él, no podemos hacer nada, Juan 15:5.

Si nuestros hijos nos mienten, Él lo sabe; si hacen cosas a nuestras espaldas, Él las ve; si tienen mal comportamiento y malos pensamientos hacia nosotros, el los conoce; a nosotros nos pueden engañar porque somos de carne como ellos, pero no pueden engañar al que conoce todas las cosas. Así, que nos conviene contar con el Señor. También debemos tener orden y reglas, porque nuestro Dios es un Dios ordenado, sino miren como nos dio las ordenes en su palabra. Nuestros hijos deben seguir los mandatos de los padres, pero nosotros los padres, no debemos llevarlos al punto en el que, de nosotros, nada quieran saber,



Colosenses 3:21 Padres, no sean tan exigentes con sus hijos, para que ellos no se desanimen.


Los hijos deben respetar a sus padres que son su cobertura, porque los padres o el que se haya quedado en casa (en caso de separación), son los que dan cuenta ante Dios por los actos de los hijos mientras aun vivan en casa. El hombre, es el responsable por la familia, y debe dar cuenta ante Dios, por la esposa y por sus hijos. Por eso Dios dice en su palabra, “que la mujer debe sujetarse a su esposo, y los hijos deben obedecer a sus padres”. Todos tenemos un lugar en Dios y tanto el hombre como la mujer, se deben amar, respetar, y sujetar el uno al otro, solo que la mujer, debe saber hasta dónde llegar.

La mujer juega un papel importante en casa, por así decirlo, ella es el centro de la familia, ella está entre el esposo y los hijos, y ella es la que mantiene el equilibrio del hogar. Ella debe buscar que los hijos respeten y obedezcan al padre, y ella también, con sus acciones debe dar el ejemplo a los hijos. Al principio cuesta, pero al final el hacerlo y el vivirlo, da gran resultado.

Muy importante, los padres deben ponerse de acuerdo para poder corregir a los hijos, pero no deben hacerlo enfrente de ellos porque eso no conviene. Los hijos deben sentirse en un ambiente sano, en el que puedan aprender, porque no queremos que ellos vallan a quejarse de nosotros, ante otros que con nosotros no tienen nada que ver.

Somos padres, tenemos autoridad y como padres debemos hacer uso de ella. A la vez, debemos buscar, que nuestros hijos confíen en nosotros, y se acerquen a buscar el consejo, que les puede salvar de errores, y de personas que se puedan acercar, a dañar sus almas que tanto hemos querido cuidar.

A los hijos, no hay que dejarlos hacer lo que ellos quieran, algunas cosas les debemos prohibir. Dios nos ayuda, sí, pero con eso debemos tener mucho cuidado, muchas veces por ser cristianos, tendemos a llevar todas las cosas al extremo, debemos mantener el ser cristiano en equilibrio. Somos cristianos no dictadores.

De niños, en muchos casos están con los padres todo tiempo. En su adolescencia, con ellos debemos salir, hay que llevarlos a ciertos lugares y acompañarlos a donde quieran ir. Para que ellos no sientan que se la pasan encerrados o que van de la casa a la iglesia o viceversa. Ellos deben sentir que son libres y que son como otros jovencitos, la diferencia es que conocen a Dios, pero eso no es impedimento para que sanamente se puedan divertir, y qué mejor que con nosotros están. Demos cuidarlos, guiarlos por el buen camino y tratar en todo tiempo, que no se alejen de Dios.

Debemos ser justos, nuestros hijos tienen el mismo valor, ninguno es mejor que el otro, todos son iguales ante Dios y lo deben ser para nosotros también.

Debemos cuidarlos de todo y de todos, porque hay personas malas hasta entre nuestros propios familiares, esto es duro de decir, pero no conocemos los pensamientos de los demás. Tenemos que proteger a nuestros hijos mientras podamos, pero no debemos idolatrarlos. Si hay que corregirlos lo debemos hacer, porque Dios nos llamo a la libertad, no, al libertinaje; todo al extremo es malo. Por eso, nosotros los padres, somos los primeros que debemos cambiar nuestras malas acciones y las malas actitudes y darles buen ejemplo en todo tiempo.

También, debemos cuidarlos de contarles cosas que hemos vivido, porque sin querer les podemos hacer daño. Hay cosas de nuestro pasado o del presente que dependiendo de su edad les podemos decir. Pero en el transcurso de su adolescencia hasta casi sus 30’s, hay cosas que no les debemos decir porque los podemos herir, por ejemplo: Hay personas que tuvieron problemas con narcóticos controlados, y sus hijos terminaron siguiendo sus pasos, después no se dejan corregir, y no los queremos escuchar decir: “Si tú lo hiciste, yo también lo puedo hacer”, ¿sino con qué cara los vamos a corregir?

Dios nos da los hijos para que los guiemos. Aun en el mundo los saben criar; cuanto más nosotros, que tenemos la palabra de vida a nuestro favor, aunque la palabra de Dios está dedicada para todo aquel que la quiera recibir.

Primero Dios, después la familia, y luego el ministerio.

Dios debe ser el primero en todos nuestros asuntos. En todo lo que vayamos a hacer tenemos que consultarlo a Él. Esa es nuestra garantía para asegurarnos de que vamos a hacer las cosas bien y de que vamos a recibir la respuesta correcta.

El segundo lugar lo tiene la familia. La familia es nuestro centro de operaciones y nuestro apoyo. Por eso, el núcleo familiar debe estar fuerte en Dios. Ya las peleas deben estar neutralizadas, la familia ya debe estar de acuerdo, ya cada uno debe tener su lugar, debe haber respeto, obediencia, sujeción, ayuda, orden. La familia hay que trabajarla, restaurando todo lo que este torcido, quitando todo lo que estorbe, aunque nos duela. Debemos perdonar y pedir perdón, debemos restaurar la comunicación, puede haber cosas en las que no estemos de acuerdo, pero hay que hablarlas y estar dispuestos a doblegarnos, si es necesario, para buscar la paz, porque nuestra familia es nuestro centro de apoyo y fortaleza, la familia es nuestra columna.

El tercer lugar lo tiene el ministerio o el servicio a Dios. ¿De qué nos sirve dar lo mejor de nuestro servicio a Dios, y aparentar que todo esta bien en nuestra familia, si sabemos que en realidad se está desmoronando? Seamos realistas, muchas veces queremos ser grandes siervos y a veces no podemos sostener en pie lo que es nuestro. Muchas veces nos da vergüenza, reconocer que somos siervos con problemas familiares, lamentablemente somos así. Debemos buscar la guianza del Espíritu Santo, primeramente, y buscar ayuda entre los hombres, si no podemos solos con nuestros problemas, pero con mucho cuidado, porque hay personas que, en vez de ayudar, mas bien, nos pueden hundir y hay otras que, mas bien, difunden lo que se les confía.

Todos nosotros debemos ser personas confiables y tener temor de Dios, porque El es el primero que nos está observando. Esto no es un juego, las almas están con mucha necesidad, y todos tenemos que prepararnos, ya que Dios quiere que todos cooperemos los unos con los otros.

Si crees que no puedes con tus hijos, no te preocupes, Dios nos capacita y aunque pensemos que no podemos, recordemos esto: la capacidad y la aptitud que Dios nos da, no es nuestra sino del Señor que hace la obra en nosotros al fortalecernos, Filipenses 4:13.


También

2 Corintios 12:9 Versión LBLA Y Él me ha dicho: Te basta mi gracia, pues mi poder se perfecciona en la debilidad. Por tanto, muy gustosamente me gloriaré más bien en mis debilidades, para que el poder de Cristo more en mí. Por eso me complazco en las debilidades, en insultos, en privaciones, en persecuciones y en angustias por amor a Cristo; porque cuando soy débil, entonces soy fuerte.



No te rindas, nuestro Dios, te hace vencedor, Dios te bendiga.




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